Durante toda mi vida de estudiante, regresar, volver, repetir, entrar, ingresar o, empezar un ciclo escolar, siempre me dio una terrible y espeluznante güeva; y más aún, después de haber estado de holgazán, vacacionando durante un par de meses. Ya me imagino a los estudiantes de ahora, que ven a la escuela como un tormento, un castigo y una terrible obligación. Sé muy bien cómo les cuesta hacerse a la idea de que ya no podrán estar todo el día en pijama, sin bañarse, que les chille la ardilla, que anden por la vida oliendo a cebollita recién picada, viendo porno, o en el mejor de los casos, NETFLIX, (en mis tiempos, el porno era ver a mis vecinas por la ventana mientras se bañaban, y NETFLIX, era chutarme todas las películas de los domingos por el canal 5); imagino el sufrimiento de los chamacos por tener que dejar abandonadas a sus criaturitas, a sus pequeños bebes, sus pequeñines del Pokémon GO, ¿Quién les alimentará?, ¿Quien les hará evolucionar?, ¿Cómo recogerán todo lo de las ...